Resumo

El fin último de la educación consiste en contribuir al proceso de humanización. Partiendo de esta premisa, el juego motor posee un crisol de potencialidades educativas que justifican su uso como medio de enseñanza, en el contexto pedagógico propio de la Educación Física. Para que estas potencialidades se vean transformadas en una auténtica acción educativa, dotada de sentido, es preciso avanzar por tres veredas: la relativa a la estructura de meta de la tarea, la que se refiere al paradigma educativo que ponemos en práctica en torno a la propia actividad lúdica y la que se centra en el conjunto de acciones que convierten a la clase en un contexto humanizador. En este artículo, tras tratar de delimitar las singularidades propias del juego motor y sintetizar los elementos en los que radica su potencial educativo, se intenta profundizar en los tres caminos aquí aludidos, ubicando el centro de atención en el juego motor cooperativo y en sus importantes posibilidades pedagógicas.

Acessar