Resumo

China no está organizando simples competiciones deportivas, sino moldeando el futuro del deporte -y del hardware- con robots que corren maratones, lanzan penaltis, hacen Tai Chi y pelean en ligas diseñadas para convertirse en olímpicas.

Lo que parecía ciencia ficción es hoy una herramienta de política industrial, una plataforma educativa y un fenómeno cultural que mezcla espectáculo, inteligencia artificial y músculo mecánico.

Con inversiones multimillonarias y apoyo institucional en la provincia meridional de Cantón, en donde las ciudades de Shenzhen y Zhuhai encabezan los planes más ambiciosos, el país lidera la revolución del deporte robótico, una apuesta estratégica donde el campo de juego es también un laboratorio tecnológico.

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